Peritaje eléctrico preventivo, evidencia técnica y seguros frente a un siniestro en Ecuador
Muchas empresas aseguran sus edificios, plantas industriales, transformadores, subestaciones, generadores, motores, tableros eléctricos, sistemas de control y demás activos críticos.
Cada año pagan una prima y mantienen vigente una póliza.
Esto genera una comprensible sensación de tranquilidad:
“Si algún día ocurre algo, para eso tenemos seguro.”
Pero existe una pregunta que pocas veces nos hacemos:
Si mañana ocurre un incendio, una falla eléctrica catastrófica, una inundación, una descarga atmosférica, un desastre natural o cualquier otro siniestro, ¿dispone HOY su empresa de la evidencia técnica necesaria para demostrar cómo se encontraba su instalación ANTES del evento?
Porque existe una enorme diferencia entre afirmar que una instalación estaba correctamente mantenida y poder demostrar técnicamente que lo estaba.
Y esa diferencia puede adquirir enorme importancia después de un siniestro.
NO BASTA CON TENER UNA PÓLIZA
En Ecuador existen diferentes seguros que pueden relacionarse con infraestructura eléctrica e industrial.
Dependiendo del activo, actividad y riesgo contratado, pueden existir coberturas asociadas a:
Incendio y líneas aliadas, para determinados daños materiales ocasionados por incendio y otros eventos contemplados contractualmente.
Rotura de maquinaria, particularmente relevante para transformadores, generadores, motores y determinados equipos industriales frente a daños accidentales, súbitos e imprevistos contemplados por la póliza.
Equipo electrónico, aplicable a determinados sistemas electrónicos, automatización, procesamiento de datos, control y otros equipos tecnológicos.
Todo Riesgo Construcción y Todo Riesgo Montaje, particularmente importantes durante etapas de construcción, instalación, montaje y puesta en servicio.
Lucro cesante o pérdida de beneficios, destinado, bajo las condiciones contratadas, a determinadas pérdidas económicas derivadas de la interrupción de las operaciones como consecuencia de un evento cubierto.
También existen soluciones especializadas para determinados riesgos industriales y del sector energético.
Pero debemos entender algo fundamental:
La cobertura real no está determinada únicamente por el nombre comercial de la póliza.
Está determinada por sus condiciones generales y particulares, bienes declarados, coberturas adicionales, límites, deducibles, exclusiones y obligaciones contractuales.
Mientras todo funciona correctamente, probablemente nadie piensa demasiado en esas páginas.
Cuando ocurre un siniestro importante, cada una de ellas puede adquirir enorme relevancia.
CUANDO OCURRE EL SINIESTRO COMIENZAN LAS PREGUNTAS
Imaginemos una industria que dispone de una subestación eléctrica.
Un transformador falla y posteriormente ocurre un incendio que afecta parte de la planta.
Una vez controlada la emergencia comenzarán inevitablemente las preguntas:
¿Cuál era el estado del transformador?
¿Cuándo recibió mantenimiento por última vez?
¿Existen protocolos de las pruebas realizadas?
¿Se habían presentado alarmas anteriormente?
¿Cuál era su cargabilidad?
¿Funcionaban correctamente las protecciones?
¿Los ajustes correspondían con los estudios eléctricos?
¿Existían anomalías térmicas?
¿Se había analizado el aceite?
¿Se habían realizado pruebas de aislamiento?
¿Existían recomendaciones técnicas pendientes?
¿Fueron corregidas?
¿Los planos corresponden realmente con lo construido?
¿Se realizaron modificaciones?
¿Quién las ejecutó?
¿Existe evidencia de todo aquello?
Y finalmente aparece la pregunta más incómoda:
¿PUEDE DEMOSTRARLO?
Responder:
“Siempre estuvo funcionando bien.”
o:
“Nosotros siempre hicimos mantenimiento.”
no constituye evidencia técnica.
LA EVIDENCIA DEL FUTURO SE CONSTRUYE HOY
Aquí considero que deberíamos comenzar a hablar con mayor frecuencia de un concepto:
EL EXPEDIENTE TÉCNICO PRE-SINIESTRO
No necesariamente todas las empresas requieren un peritaje exhaustivo de absolutamente todas sus instalaciones.
Debe existir proporcionalidad y criterio técnico.
Pero industrias, hospitales, centros comerciales, edificios de gran ocupación, centros de datos, instalaciones petroleras, plantas de generación, sistemas fotovoltaicos, infraestructura crítica y empresas cuya producción dependa significativamente de determinados activos eléctricos deberían preguntarse seriamente si disponen de una línea base documentada de su condición técnica.
Dependiendo de las características de cada instalación, ese expediente podría contener:
- diagramas unifilares actualizados;
- planos eléctricos y as-built;
- inventario e identificación de activos;
- características y placas de equipos;
- registros fotográficos debidamente identificados;
- termografías;
- mediciones de aislamiento;
- pruebas de transformadores;
- análisis de aceite cuando corresponda;
- pruebas de interruptores;
- mediciones de sistemas de puesta a tierra;
- estudios de cortocircuito;
- coordinación y selectividad de protecciones;
- estudios de arco eléctrico cuando correspondan;
- registros de calidad de energía;
- históricos de carga;
- ajustes y registros de actuación de protecciones;
- bitácoras de mantenimiento;
- reportes de anomalías;
- acciones correctivas;
- modificaciones efectuadas;
- fechas y responsables de cada intervención.
Pero no se trata simplemente de acumular PDFs, fotografías o carpetas.
Se trata de construir TRAZABILIDAD.
Poder responder qué se hizo, cuándo se hizo, quién lo hizo, qué resultados se obtuvieron, qué anomalías fueron encontradas y qué acciones correctivas fueron implementadas.
En definitiva:
construir la historia técnica del activo.
DESPUÉS DEL INCENDIO PODEMOS DOCUMENTAR CÓMO QUEDÓ. ANTES PODEMOS DEMOSTRAR CÓMO ESTABA.
Esta diferencia es fundamental desde una perspectiva pericial.
Un incendio puede destruir conductores, aislamiento, conexiones, protecciones, tableros y equipos completos.
El calor puede modificar precisamente la evidencia que posteriormente necesitamos analizar.
Entonces aparece una de las preguntas más complejas de cualquier investigación:
¿LA CONDICIÓN ENCONTRADA PROVOCÓ EL SINIESTRO O FUE CONSECUENCIA DEL SINIESTRO?
Una conexión destruida por el fuego no necesariamente originó el incendio.
Un conductor que encontramos sin aislamiento después del evento no necesariamente se encontraba así antes.
Un tablero completamente carbonizado nos demuestra cómo terminó.
No necesariamente cómo comenzó.
Por eso los antecedentes técnicos son tan importantes.
Una termografía realizada seis meses antes.
Una prueba de aislamiento.
El análisis de aceite de un transformador.
Un registro de actuación de una protección.
Una fotografía fechada.
Un informe de mantenimiento.
Un plano actualizado.
Una orden de trabajo cerrada.
Cuando todo funciona pueden parecer documentos rutinarios.
Después de un siniestro pueden convertirse en evidencia fundamental.
“PERO HACER TODO ESO CUESTA DINERO…”
Por supuesto que cuesta dinero.
Y aquí aparece una de las contradicciones más curiosas —y peligrosas— en la gestión empresarial de activos.
Una empresa puede invertir cientos de miles o millones de dólares en maquinaria, transformadores, subestaciones, líneas de producción e infraestructura.
Puede pagar religiosamente durante años las primas de sus pólizas de seguros.
Pero cuando se plantea invertir una pequeña fracción de ese valor en una inspección técnica, pruebas especializadas, actualización de planos, mantenimiento predictivo o un peritaje integral de sus instalaciones, pareciera que estuviéramos cotizando una cirugía a corazón abierto.
El precio sorprende.
El presupuesto duele.
Y entonces aparece una de las frases más conocidas —y quizá más peligrosas— de la gestión empresarial:
“ESO NO ESTABA CONTEMPLADO EN EL PRESUPUESTO, ASÍ QUE NO LO VAMOS A HACER.”
Perfecto.
Entonces corresponde formular algunas preguntas:
¿EL INCENDIO ESTABA CONTEMPLADO EN EL PRESUPUESTO?
¿La falla catastrófica del transformador estaba presupuestada?
¿La paralización de la planta durante una semana estaba presupuestada?
¿La pérdida de producción estaba presupuestada?
¿Los daños a terceros estaban presupuestados?
¿La reposición urgente de equipos estaba presupuestada?
¿Una eventual controversia respecto de la cobertura del seguro estaba presupuestada?
Probablemente tampoco.
Y ese es precisamente el significado de gestionar el riesgo.
NO SE TRATA DE GASTAR POR GASTAR
También debemos ser razonables.
Una pequeña instalación comercial no necesita necesariamente el mismo nivel de evaluación que una industria cuya producción completa depende de una subestación de varios MVA.
No se trata de convertir cada instalación eléctrica en una investigación forense permanente.
La profundidad de una evaluación debería guardar relación con:
VALOR DEL ACTIVO + CRITICIDAD + CONSECUENCIA DE FALLA + EXPOSICIÓN AL RIESGO
Pero existe una enorme diferencia entre optimizar recursos y decidir simplemente no conocer la condición técnica de activos críticos porque evaluarlos “no estaba presupuestado”.
Y aquí aparece una paradoja difícil de justificar:
Protegemos activos de millones de dólares, pero muchas veces nos cuesta invertir cientos o miles en conocer, documentar y demostrar su verdadera condición.
Una inspección, una termografía, una medición, una prueba especializada o un levantamiento técnico no deberían entenderse únicamente como un gasto.
Son herramientas de prevención.
Y cuando existe documentación adecuada, también pueden convertirse en herramientas de defensa técnica.
¿QUÉ PAPEL JUEGA ENTONCES EL PERITAJE PREVENTIVO?
Aquí debemos hacer una aclaración importante.
Un peritaje preventivo no significa contratar a alguien para garantizar que nunca ocurrirá una falla.
Tampoco puede garantizar que una aseguradora pagará posteriormente una indemnización.
La procedencia de una reclamación dependerá de la póliza contratada, las circunstancias particulares del evento, la relación causal, las exclusiones aplicables y los elementos jurídicos y técnicos correspondientes.
Su finalidad es diferente:
DISPONER DE EVIDENCIA TÉCNICA OBJETIVA.
Si posteriormente existe una controversia respecto del mantenimiento, condición, modificaciones o estado previo de una instalación, existe una enorme diferencia entre decir:
“Nosotros siempre hicimos mantenimiento.”
y poder responder:
Aquí están los registros.
Aquí están las fotografías.
Aquí están las termografías.
Aquí están las mediciones.
Aquí están las pruebas.
Aquí están los planos.
Aquí están las anomalías que encontramos.
Aquí están las correcciones realizadas.
Y aquí está la historia técnica del activo.
Eso cambia completamente la discusión.
DOCUMENTAR NO SIGNIFICA SOLAMENTE GUARDAR ARCHIVOS
Para que la información tenga verdadero valor técnico debe existir trazabilidad.
Una fotografía sin fecha, ubicación o identificación del equipo pierde buena parte de su utilidad.
Una termografía sin identificar el tablero, condiciones de carga o fecha puede resultar difícil de interpretar posteriormente.
Un protocolo sin responsable o identificación del equipo genera dudas.
Un plano que nunca fue actualizado después de una modificación puede incluso convertirse en información engañosa.
Por eso un verdadero expediente técnico debería procurar establecer:
qué + dónde + cuándo + cómo + quién + resultado + acción posterior.
Eso permite que años después otro profesional pueda reconstruir razonablemente lo ocurrido.
Y SI EL SINIESTRO FINALMENTE OCURRE…
Entonces aparece otra regla fundamental:
PRESERVAR LA EVIDENCIA.
Después de un incendio o falla importante existe una tendencia natural a limpiar, retirar, desmontar y reparar inmediatamente.
Operativamente puede resultar comprensible.
Pericialmente puede ser desastroso.
Antes de desechar equipos, cortar conductores, desmontar protecciones o alterar significativamente el escenario debería evaluarse la necesidad de documentar adecuadamente la condición encontrada.
Fotografías generales y de detalle.
Identificación de equipos.
Posición de protecciones.
Registros de relés.
Alarmas.
Históricos de SCADA.
Oscilografías cuando existan.
Secuencia de eventos.
Registros de operación.
Elementos físicos potencialmente relevantes.
Porque una vez eliminada determinada evidencia:
quizá nunca podamos recuperarla.
LA INVESTIGACIÓN NO DEBE COMENZAR BUSCANDO UN CULPABLE
Cuando ocurre un siniestro eléctrico, un análisis pericial serio no debería comenzar tratando de demostrar que tuvo la culpa el propietario, la aseguradora, el fabricante, el contratista, el operador o cualquier otra parte.
Debe comenzar con preguntas.
¿Qué ocurrió?
¿Dónde comenzó?
¿Cuándo ocurrió?
¿Cuál fue el mecanismo de falla?
¿Qué condiciones existían previamente?
¿Qué protecciones actuaron?
¿Qué evidencia permanece?
¿Qué daños son consecuencia y cuáles podrían relacionarse con el origen?
¿Existe relación causal entre una determinada condición y el evento?
Y finalmente:
¿QUÉ PODEMOS DEMOSTRAR MEDIANTE EVIDENCIA?
La ingeniería forense debe seguir la evidencia.
No construir la evidencia alrededor de una conclusión previamente deseada.
UNA PÓLIZA Y UN EXPEDIENTE TÉCNICO CUMPLEN FUNCIONES DIFERENTES
La póliza constituye un mecanismo de transferencia financiera de determinados riesgos.
La ingeniería ayuda a reducirlos.
El mantenimiento ayuda a controlarlos.
El monitoreo puede permitir detectar determinadas condiciones antes de que evolucionen.
Y la documentación técnica permite reconstruir los hechos cuando, pese a todo lo anterior, el riesgo finalmente se materializa.
Son herramientas diferentes.
Y deberían complementarse.
Por eso quizá, antes de renovar nuevamente una póliza, propietarios, gerentes, administradores, responsables de mantenimiento y profesionales encargados de la infraestructura deberían formularse una pregunta adicional:
“ADEMÁS DE TENER ASEGURADOS NUESTROS ACTIVOS, ¿PODEMOS DEMOSTRAR TÉCNICAMENTE EN QUÉ CONDICIONES SE ENCUENTRAN?”
Si la respuesta es NO, quizá sea momento de comenzar.
UNA ÚLTIMA REFLEXIÓN PARA QUIENES TOMAN LAS DECISIONES
Quizá su empresa nunca sufra un incendio.
Ojalá sea así.
Quizá nunca falle catastróficamente un transformador.
Quizá nunca exista una inundación, una descarga atmosférica extraordinaria o un evento que paralice completamente una planta.
Pero existe una frase particularmente peligrosa en gestión del riesgo:
“NUNCA NOS HA PASADO.”
La ausencia histórica de un siniestro no constituye garantía de que nunca ocurrirá.
Precisamente de eso trata la gestión del riesgo:
prepararnos para aquello que esperamos que nunca suceda.
Y cuando todo funciona correctamente, una termografía, una prueba, una fotografía, un plano actualizado o un informe técnico pueden parecer simplemente otro gasto.
Cuando todo deja de funcionar, quizá descubramos que eran evidencia.
Por eso, la próxima vez que alguien presente el costo de una inspección, un diagnóstico, una campaña de pruebas o un peritaje integral y la primera reacción sea:
“Está muy caro. No estaba presupuestado.”
quizá valga la pena detenerse unos segundos y formular otra pregunta:
¿CUÁNTO PODRÍA COSTARNOS ALGÚN DÍA NO HABERLO HECHO?
Porque después de un incendio podremos documentar los daños.
Pero la oportunidad de documentar cómo estaba la instalación antes del incendio existe solamente HOY.
Ing. Luis Fernando Aguilar Echeverría
Ingeniero Eléctrico | Peritaje Técnico e Ingeniería Forense
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